miércoles, 18 de febrero de 2009

El ser docente

Amo la docencia. Es mi pasión.
Soy una creyente de que muchos, muchisimos de los problemas que hoy nos preocupan, se solucionarían con una buena Educación. Educación, claro, en el sentido amplio de la acepción, es decir, superar la mera información y llegar a niveles mucho mas profundos donde ya estaríamos hablando de fortalecimiento de valores esenciales a la dignidad humana.
Digo fortalecimiento porque el niño, al entrar al sistema ya trae una formación (o debería traerla) desde el hogar.
En mi caso, desempeño la actividad en secundaria.
Me llevo bien con mis alumnos. Sé que me aprecian como yo a ellos.
No practico el buenismo, me empeño en acompañarlos en su formación.
Sin embargo, no todo es un lecho de rosas.
No todo es lo amable que uno quisiera.
Les cuento mi experiencia de días pasados:
El escenario: escuela secundaria, urbana.
Mesa examinadora de previos/regulares.
materias: geografía e Historia.
Docentes del área: dos (una compañera y yo)
Temperatura: 30ºC.
Sensación termica en el aula (sin ventiladores ni cortinas) 35ºC.

La mesa transcurrió como tantas otras mesas, con los distractivos que llevan a cabo los alumnos, so pretexto de copiarse.
Miradas -un clásico- de "no sé nada", chistecitos varios, tocesitas nerviosas, risitas de fondo y un "yo no fui" a flor de piel.
En un momento dado, de manera repentina y sin que uno lo pueda prever, se suscita una discusión con un alumno que reprueba la materia.
Se le pide que firme la hoja y él se niega.

En un instante el muchacho salta del banco, increpa a la docente que me acompaña, se pone de pié frente a ella, a escasisimos centímetros, mirada penetrante, pecho henchido en actitud de agresión y dice:
-Tenga cuidado con lo que hace!.
La profesora le pregunta:- ¡Me está amenazando??
- Qué???
En un instante todo se transformó. La violencia se hizo presente.
Creí (tuve miedo) que pasara a mayores, sin embargo pudimos solucionar el incidente.
Se calmaron las posiciones, hubo diálogo mediador y el hecho quedó convertido en una anécdota hasta el día siguiente, en que hubo que explicarle a la madre lo ocurrido. Obviamente, tenía una versión cambiada.
Luego de una extensa conversación, la sra. me pidió disculpas por la actitud de su hijo y yo quedé sumida en mis pensamientos, analizando las siguientes cuestiones:

El docente de secundaria es esa persona que corre de una escuela a otra.
Que carga sobre sí las problemáticas sociales, familiares, culturales y económicas de los alumnos a su cargo.
En el aula debe lograr que lo atiendan.
Evitar que se trompeen.
Que victimicen a un compañero.
Atender a la diversidad, es decir plantear consignas inclusivas para chicos con problemas severos de aprendizaje, judicializados, aburridos, apañados, olvidados.
Los que no aprenden (porque no tuvieron interés) denotan que al docente "le faltaron herramientas".
Además, ha de justificar las calificaciones.
Escribirle al padre para que se entere que el hijo tiene aplazos, que no hace las tareas, que no lee... que falta a clases con demasiada frecuencia, que no tiene buenas juntas...
Confiscar MP3, MP4, Celulares, cartitas de amor...
Controlar que no vuelen objetos contundentes (y de los otros)
Incluyendo, por supuesto, todas las tareas administrativas propias de la función.
Todo esto en una melange de modernismo y democracia escolar que induce a pensar en un borramiento de límites, en una disolución de la autoridad (palabra que parece generar espanto al ser asociada al autoritarismo, represión militar, etc).
Siento que hoy las diferencias se pueden convertir en profundas desigualdades, que en lugar de construír, de apuntalar, corroen.
Situaciones como la que cuento (no son cotidianas, por cierto) nos interrogan, nos obligan a dar cuenta de las transformaciones que se viven en las aulas.
A tomar conciencia de que no somos meros espectadores de los cambios sociales, de "la nueva juventud" y sus valores, sino que urge un plan que ayude a modificar actitudes desde la familia, acompañada por la escuela (y viceversa) y del Estado.

La Antigua EGB y sus constantes compensatorios dejaron la impronta de la ajenidad frente a los libros. Parece que "Esfuerzo" es una mala palabra, en cambio, hay otras que fueron borradas del uso cotidiano, como "Gracias" o "Por favor".

Es habitual que desde el discurso se hable de pos modernidad, de las nuevas formas del capitalismo, de las crisis (sociales- generacionales- familiares - de la adolescencia), de incluír las Tics como elemento esencial del saber, de generar igualdad de oportunidades.Todo ello es palabra hueca, vacío, si no sumamos el compromiso de nuestra generación, tan golpeada, hoy.

Nuestro compromiso existencial de padres, docentes, de personas de bien, para ofrecer un freno a esta locura, de lo contrario, seremos abonados eternos a ella.

De cada uno de nosotros depende...¿vamos a hacer algo??

1 comentario:

GRACHULA dijo...

hola!!!pasé por tu blog en busca de la lectura del sexo de los ángeles y además me enganche con esta entrada.
tu visión, pinta perfectamente lo que yo también vivo, aunque mi experiencia es en esucela primaria.
mi paso por secundaria fué mínima.
como me van desgastando todas estas cosas que decís.
yo ya veo en padres de 1º grado, un descreimiento absoluto a la palabra del docente.veo chicos cada vez más abandonados.los problemas de conducta van multiplicándose cada año alarmantemente.
cómo se tapa la realidad de las aulas!!!
abrazosss