lunes, 27 de julio de 2009

La Ley de Atracción

Los pensamientos que la mente genera son energía y salen de tu cabeza como vibraciones, como ondas y regresan a ti trayéndote lo que has escogido.
Es así que quien obra positivamente atrae hacia sí vibraciones positivas (Ley de atracción)
Cuando una persona hace el bien, las vibraciones que produce son de un color claro y limpio que atraen vibraciones de ese mismo color, que regresan aumentados en intensidad. Todo lo que siembras, que viene ser la causa, da su fruto que es el efecto que tu cosecharas
Es así que uno puede, de manera consciente, generar pensamientos y acciones que produzcan efectos beneficiosos en los demás y –por ende- en uno mismo. En nosotros está la capacidad de programar y crear situaciones futuras que traerán consecuencias muy positivas, para la realización del Plan Cósmico.
APLICACIONES DEL PRINCIPIO DE VIBRACION

POR QUE LE OCURREN COSAS MALAS A LA GENTE BUENA.
La Ley de causa y efecto opera en forma permanente manifestando aquello que de alguna manera hemos generado. De esto deducimos que haciendo el bien obtendremos el bien, lo cual es correcto. Sin embargo, habrás encontrado que aún haciendo buenas obras se te presentan problemas, y entonces surge la pregunta: ¿Por qué le ocurren cosas malas a la gente buena? La respuesta es muy sencilla: por karma. Aunque una persona sea buena en esta vida, quizás arrastre deudas de su pasado.
El karma une a las personas y las mantiene conectadas a través de las distintas vidas. Esto quiere decir que reencarnamos en grupo, en los cuales vamos intercambiando roles.
CONTRATOS KARMICOS.
Antes de venir al planeta, elegimos tomar un cuerpo físico y seleccionamos voluntariamente las experiencias que estamos dispuestos a experimentar. En ese proceso seleccionamos a nuestros padres, hermanos, futuras parejas, matrimonios, amigos, y demás. Con las personas que nos van a ayudar más eficazmente firmamos un “contrato kármico”. Nos ponemos de acuerdo en lo que cada uno le va a hacer al otro con la intención de enseñar o aprender algo. Los contratos kármicos son voluntarios e irrevocables; no desaparecen hasta que se cumplen totalmente.
EL DRAMA PERSONAL.
Según el principio de causa y efecto, todo lo que vivimos es el resultado de nuestros propios actos. Contamos con el poder creador y, a veces, debido al mal uso del mismo, creamos situaciones difíciles o dolorosas; creamos de esta manera nuestro “drama personal”. Según los principios, el drama de toda persona se reduce a la idea de separación de su Fuente (Dios).
La idea del karma, o el ciclo de culpa y castigo, fue creado por nuestro ego. Dios no condena ni castiga porque El nos ha creado tal como somos. El sabe que lo que estamos viviendo es como un gran sueño del cual tenemos que despertar. No hay culpas ni culpables; no tenemos nada que pagar ni que hacer pagar a los demás; solamente existe la experiencia.
El proceso de liberación del karma comienza con el reconocimiento de la proyección que hacemos hacia los demás. Es decir que tenemos que empezar a reconocer que no hay culpables fuera de nosotros, sino que, de alguna manera, uno está proyectando el problema hacia fuera. Luego debemos reconocer que tampoco nosotros somos culpables, sino que solamente hemos cometido algunos errores. Finalmente, debemos reparar esos errores corrigiendo nuestra percepción de la vida.
Todos debemos aprender a invocar al guía de nuestro Yo Superior, especialmente en los momentos en que se encuentra en conflicto, para entender lo que está ocurriendo.
Para poder evolucionar, debemos desarmar nuestro “drama personal”. Con nuestro drama lo único que hacemos es acaparar la atención de los demás y de esta manera tomamos su energía. Esto significa que cuantos más dramas experimentamos, más robamos la energía de los demás. Pero cuando empezamos a despertar a la vida espiritual, descubrimos que la Fuente de nuestra energía es otra y que la misma es infinita e inagotable; por lo tanto, no necesitamos apropiarnos de la energía ajena.
El proceso del perdón consiste en “desarmar” lo que hemos construido eliminando las culpas que ponemos en otros y en nosotros mismos. De esta manera, comenzamos a sentir la sensación de unidad. Pero mientras exista una sola persona a la que consideremos culpable, nunca encontraremos paz en nuestra vida.
El perdón a uno mismo es, tal vez, uno de los más difíciles de lograr. La autocondenación se da la mayoría de las veces de una manera muy sutil y, a la vez, muy intensa. A veces, sentimos la voz de un juez interno que nos recuerda cuán tontos hemos sido al haber actuado de cierta forma; ese juez no es más que la voz de nuestro propio ego que debemos aprender a callar.
Perdonar no es sinónimo de debilidad. Perdonar no significa permitirles a los demás que vuelvan a hacer lo mismo con uno. Perdonar significa entregar el problema a una autoridad superior a la nuestra, que impondrá Su Justicia y no la que nuestro ego quiere. Perdonar también significa aprender a ponerles límites a los demás y a defender nuestros derechos.
LA AYUDA A LOS DEMAS.
Nunca hay que ayudar a nadie que no nos haya pedido porque la persona puede no estar receptiva a nuestra ayuda. Una manera de evitar este error es ofrecer nuestra ayuda a quien pensamos la necesita y, luego, debemos retroceder para dar lugar a que la persona elija. Cuando la persona decide aceptar nuestra ayuda, entonces estará receptiva y sólo así tendremos éxito.
¿Hasta dónde ayudar? Se debe ayudar a los demás hasta el punto en que el equilibrio de nuestra vida personal no se pierda. Esto nos lleva a la siguiente conclusión: desde el punto de vista metafísico, los sacrificios por los demás no sirven.
En general, los problemas que cada uno de nosotros enfrentamos no son más que errores de conciencia. Existen en nuestra mente ideas equívocas que deben ser corregidas. Estas tienen que ver con la falta de aceptación de lo bueno, con ideas de no merecimiento, con el nivel de la autoestima y con las culpas que arrastramos. Estas últimas son las más poderosas y generan las principales barreras para nuestra felicidad personal. Cuando un objetivo se demora o las cosas que deseo no se dan, es porque todavía tengo que perdonar a alguien o perdonarme a mí mismo. Las enfermedades físicas tienen que ver con la falta de perdón; las deudas y la soledad, también. Siguiendo este concepto, si quieres ayudar a alguien verdaderamente, entonces no sólo tienes que brindar tu ayuda material, sino también el apoyo moral necesario para que la persona se libere de sus culpas y mejore su manera de pensar.
RENUNCIAR AL KARMA.
Debes afirmar de una manera rotunda tu deseo de no seguir sufriendo. Para lograrlo, tienes que decretar lo siguiente: “Renuncio al karma. En este instante, renuncio a cualquier forma de carencia, pensamiento de limitación o error que se aloje en mi conciencia, A partir de hoy, elijo felicidad, prosperidad, salud excelente y una vida muy armoniosa”.
Cada vez que se nos presenta un problema lo primero que se debe hacer es renunciar a él. Cualquier afirmación o decreto que se haga en ese momento tiene que comenzar con la palabra “renuncio”. De esta manera, interrumpes la formación de la crisis. Por ejemplo, puedes decretar: “Renuncio a seguir sufriendo por este problema sentimental. A partir de hoy, encuentro la solución más armoniosa y positiva para ambos”. Si el problema es de dinero, entonces puedes decretar: “Renuncio a mis limitaciones económicas. A partir de hoy el dinero viene fácilmente a mi vida y en abundancia”.
Que la Luz nos acompañe, siempre.
Extraído de las enseñanzas Rahma

2 comentarios:

Edu dijo...

El ser humano, busca la felicidad o el momento feliz, mediante el ser y la extension social de el.
La distorsion de esa busqueda, viene dada, cuando otro ser somete a otro, para encontrar un beneficio personal y no colectivo.
Un Saludo.

Al dijo...

Hola Poeta! estoy en un todo de acuerdo contigo, por eso es que siempre se invoca al Ser Superior (no importa el nombre) y se pide "de manera perfecta, bajo la gracia y de acuerdo con la voluntad de Dios". El artículo intenta responsabilizarnos por las cosas que nos suceden, reconocernos como generadores y co responsables en las distintas situaciones vividas, apunta a saber perdonar y a dejar de lado los apegos.
Gracias por leer mis entradas, por acercar tu palabra, siempre.

Un beso y que estés bien.